La encontramos dentro de una bolsa de basura, al lado de un contenedor, una noche de enero. Estaba empapada, temblando, y ya casi no lloraba porque no le quedaban fuerzas. Alguien había decidido que su vida no valía nada. Nosotros decidimos lo contrario.
La primera semana no comió sola. La segunda, no se dejaba tocar. Al mes, movió la cola por primera vez. Y todos los que estábamos allí lloramos. Porque sabemos lo que cuesta que un animal roto vuelva a confiar en un humano.
Luna hoy está viva. Pero mientras lees esto, hay otra Luna dentro de otra bolsa, en otra cuneta, atada a otro árbol. Y no llegaremos a tiempo si nadie nos ayuda.
Sin donaciones, no hay rescate. Sin rescate, no hay historia. Tu donación es literalmente la diferencia entre una vida que se salva y una que se apaga esta noche.